¡No importa el instrumento, el caso es escribir! y no escribo cuando yo quiero, si no en esos momentos especiales en que siento la sangre corriendo por mis venas como si de ríos de tinta se tratara, y ni siquiera es mi propia sangre corriendo, es el Espíritu soplando y soplando, lo que me mueve a ir de nuevo al "Hangar" de mi mente, soltar el freno y dejar a la nave de la inspiración que recorra el amplio corredor, y levantar el vuelo, y dejando una estela de humo, y un fragor de motores que irrumpan en el cielo apacible, gritar al mundo que el Hijo está vivo. ¿Cómo sentirse apacible cuando la tierra está herida a causa del mal y del pecado que la infecta? ¿Cómo no acordarme de ti bendito Señor a cada rato? Porque solo de ti viene el "Ungüento", es tu Sangre derramada el "Linimento" que cae como cascada, dejando a su paso consuelo, aliento, a esta tierra maltratada, que un día nos regalaste, y ¡vaya pago que le dimos a tu Amor dejándola arrasada!
Ahí está el mal, acechando en cada rincón, susurrando a cada paso, haciéndonos creer que fue un fracaso, pero miro hacia la cruz, y veo que está vacía, es de tu Resurrección que me está dando noticia. Me aterra mirar al mundo, ciego, sordo, indiferente, y pienso en todas esas almas que no saben que un Dios clemente abrió esta vez un arca que nos salvará del fuego, y nos guiará hasta tu Casa. Es un derroche de gracia, es un regalo perfecto, como no gritarlo al mundo aunque sea con estos versos.
A mi amado Salvador.

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