miércoles, 2 de abril de 2014

    MI PERCEPCIÓN DE LO ETERNO
                               
         1 Me ha llegado el momento de coger la pluma de nuevo, porque la inspiración ha llamado a mi puerta de una manera suave e íntima, como siempre suele hacer. Esta vez,  me vino a través de las penetrantes notas de una canción que escuchaba al abrigo del cálido regazo de mi Amado Dios, donde me suelo acurrucar a menudo para sentir los vigorosos latidos que me comunican vida.
La canción decía: Algo más me dice el corazón, hay algo más…”  Estoy convencida de que el autor se inspiró para escribirla en el mismo lugar en el que estaba yo esa noche, y lo sé porque todas sus canciones huelen al mismo aroma que yo percibo en los momentos de quietud y de confidencia que estoy segura él,  menudea tanto como lo hago yo. Y es que no hay otro lugar donde se perciba tan real esa eternidad de la que tanto hablamos los “cristianos”.
Lo que quiero compartir en estas páginas no es algo de fácil explicación, aún ni siquiera lo es para mi, cuánto mas me resulta complicado tratar de expresar lo que llevo dentro de mi alma usando la escritura, pero no tengo otro remedio, las manos me lo piden y también el corazón y es entre las páginas blancas, impolutas, donde yo puedo desahogar el ardor que llevo dentro y estoy segura de que si vomitara en este momento, serían llamaradas de puro fuego que me queman las entrañas. No, no es fácil, y sin embargo siento el empuje y la premura, y se que si no lo hago moriría por dentro y quizá también por fuera.
No pretendo dar ninguna lección, ni tan siquiera un consejo, sino que es un torbellino de palabras que debo poner en orden para honrar al Amado y dejar en esta tierra, donde abunda lo oscuro y tenebroso, un atisbo de luz que ni siquiera viene de mi lámpara sino que es comunicado y contagiado por la LUZ que arrebata esa tiniebla que rodea al hombre, que va impregnando los caminos a su paso, cuando todo lo hace solo y depende de sí mismo.
Este libro es prosa y es poesía ¿Cómo si no, hablar de Aquel a quien yo amo? No se citar a este SEÑOR de los ejércitos sin mezclar la poesía y la belleza, pero tampoco puedo dejar pasar la fuerza, el poder y la energía, el trueno, el viento y el relámpago, el susurro y la bonanza, la ternura y el abrazo, el tornado y la fragancia de tomillo junto al resplandor de las tormentas y al silencio del ocaso.
No lo puedo remediar, la poesía está en su esencia y cuanto más me acerco a El más me la llevo impregnada. Pero no quiero dar solo una imagen de belleza, porque el hombre lleva sobre si una cruda tragedia a sus espaldas, y tampoco quiero parecer frívola porque es muy serio ponerse a reflexionar sobre todo lo que nos rodea, aunque mi meta sea dejar impresa la esperanza y alejar al “mal agüero” que suele rondar las almas susurrándoles al oído los peores augurios. A “ese” ¡bien lejos! porque no pretendo darle vela en este “entierro” sino abanderarme de lo trascendente y comenzar a correr y hacer correr al que quiera llegar de los primeros a la meta.
Sé que he empezado a gastar tinta, pero no tengo idea de cómo terminará este escrito, ni siquiera se lo que tengo que escribir en la siguiente línea, pero si se que cuando voy llegando al final de la anterior, la mano se me mueve sola y no hago ningún esfuerzo en mi mente para añadir palabra, es Otro en mi el que piensa y me dicta lo que tengo que escribir. Así resulta más fácil, Y es lo mejor para mi.
Ya es madrugada, apenas he comenzado y son las tres, pero a otra hora me sería imposible estar más lúcida, el silencio a mi alrededor me ayuda, a pesar del zumbido de este disco duro de mi ordenador, que por lo monótono tampoco me molesta. Es solo la prudencia la que me pide dejarlo para mañana, y aquí dejo estas páginas para volver a hilarlas en la próxima ocasión.
2 ¡Me lo temía! Aquí estoy de nuevo, más pronto de lo que esperaba, y es que sentía el apremio de encontrarme de nuevo ante lo ineludible. Escribir de lo Eterno es llegarse hasta las páginas virgenes y dejarlas preñadas de vida. Cuando me encuentro ante la realidad de lo que significa el paso de su Amor sobre mi existencia, tengo que usar los recursos que necesita un pintor para dejar extasiado a su público, pues la realidad de este Dios es solo comparable con la magnificencia de su creación plasmada en la naturaleza.
No se que pasa cuando me acerco a ese lugar donde busco el susurro de su voz, que me tiembla todo el cuerpo y a la vez siento una paz inigualable en mi interior, es una mezcla de terremoto en medio de la quietud, o mejor dicho, de quietud en medio del terremoto, o un mar en calma en medio de un remolino, o como un volcán que en vez de escupir lava ardiente, derramase mansa nieve. A veces le hablo hasta la madrugada, pero otras veces me despierta en medio del reposo porque prefiere hablar El. Su voz, como estruendo de muchas aguas, que una vez me dedicó para regalarme la tierra, y una primera vez para regalarme la Salvación, y mostrarme su frente herida de espinas y sus manos y pies traspasados. Cuando llamó a mi puerta y le abrí, entró para quedarse, no se conformó con una visita, se instaló, barrió, ordenó y limpió la que iba a ser su estancia, sopló y quitó el polvo y las telarañas y arregló aquella “salita” en donde sentarse cada día a conversar y a enamorarme, y a escuchar también mis declaraciones de amor. Si tuviera que describirle, diría que es el perfecto Caballero, el más íntimo Amigo, un Padre verdadero, un Consejero admirable y un Dios incomparable, sensible y Justo a la vez.
Del roce de mis rodillas con el suelo, he aprendido a esperarle, a veces con calma y a veces en turbulencia, pero en ambas ocasiones, mi ser satisfecho agradecía de nuevo su amor y su paciencia. Ahora no puedo ponerme en mis rodillas por cuestiones de salud, pero nada me impide arrodillar el alma y postrar mi espíritu, ni humillarme hasta el polvo, pues acercándose El a mí en magnanimidad derramada, solo al polvo me remito, ya que a ninguna otra materia, porque no quiero a su Majestad menoscabada con el orgullo de sentirme humana, que me llevaría al rechazo de su vista y ya no podría seguir viviendo. Con El a mi lado se abaten las paredes de hormigón pesado que quieren levantarse contra mí y ocultarme su presencia, y las cargas de mis hombros se derriten y caen a sus pies desbaratándose ante la sombra alargada de su estampa. ¡Qué delicia es respirar su aroma! ¡Que coraje me infunde al posar sus ojos en los míos! Y ¡Qué insolente el paso del tiempo en el reloj que viene a interrumpir nuestra velada! ¡Qué ríos de dulzura emanan de su aliento! Y cuando abre sus labios, sus palabras, como ondas poderosas son enviadas a recuperar el fruto que derrama sobre aquellos a quienes llega su llamada como una melodía y un viento de alborozo y de victoria, de conquista y de batalla. ¡Que callada está mi alma en un momento! ¡Cuantos recuerdos de mi infancia! Cuando El venía a quitar esa tristeza y a llenar mi vida de esperanza.
Por más que quiero llenar de prosa el libro, más viene a mi alma la poesía, como una bandera blanca que me llama a estrellar de flores, como un paisaje en blanco y negro, a llenarlo de color, como una mañana empapada de luz y resplandor. ¿Qué será lo que me pasa? No acierto a entender por qué bullen en mi cabeza esos versos que ni siquiera busco, que se alzan como el jilguero a los vientos y planean para posarse y llenar de trinos mi balcón.
¿No es esto estar enamorada? La primera vez que El vino, era tan solo una chiquilla, y ya comencé a escribirle poesías, no me podía callar. ¡Ahora entiendo al rey David! Porque me he contagiado de su “mal” No lo puedo sujetar, no me puedo estar tranquila, ya no me intento parar. Cuando su “Arca” está cerca y su columna de fuego me aparta para  estar a solas, se me viene un vendaval de dicha por su Presencia, si alguna falta siento en ese momento, El me la viene a llenar, y me da fuerzas con su aliento. Quiero ser una columna, pararme cómo una roca y no desmayar jamás.
Cuantas cosas se ha llevado que me estorbarían ahora, si me pongo a  meditar de donde me ha rescatado, ya ni siquiera están en mis remotos recuerdos las heridas de un pasado que se empeñó entre sus manos demoler y aniquilar. Como a su amigo Abraham, también me pidió en su día sacrificar a Isaac, ponerlo entre muchos leños y levantar el cuchillo, y como también estaba dispuesta ya a degollar, lo mismo que al patriarca, El me impidió terminar y me devolvió al “chiquillo”.
¡Qué hermosa la madrugada! Como un amanecer radiante, a mi me viene a espabilar, no me deja irme a dormir, es la hora de mi encuentro, cuando todo está en silencio, ¿Cómo oírle entre el barullo del día en todo su ir y venir? Sin distracción ni alboroto, me reservo en esta hora para escuchar el batir de sus alas y para abrir mis oídos porque El seguro me va a hablar, y entonces podré escribir y dejar impreso en papel lo que estoy percibiendo ahora: su Poder, su Eternidad, no bajo mirada humana, no hay ninguno que podamos describir tanta bondad. Su lenguaje es genuino. ¡Basta ya de tanto hablar! La fuerza se va por la boca, ahora es tiempo de escuchar, mantener la mente quieta. Y tranquilo el corazón. Cuando el hombre reflexiona, entonces puede encontrar la puerta del laberinto. Solo el silencio del alma, le da lugar al Espíritu, la mudez de nuestro cuerpo abre la puerta a lo Eterno.
No puedo hablar de lo Eterno sin hablar de mi Maestro. Nada de lo que tiene sentido lo tendría si no estuviera implicado, si sus manos no hubieran intervenido, a veces con una Palabra, con el soplo de su aliento y nuestro barro cobró vida, y el hombre se pasa el día jactándose de sus hechos ¡Qué necio! En vez de volver el rostro y encontrarse con sus ojos, dejar que sus brazos le envuelvan, y sentirse perdonado y tan solo se contenta con mirarse en el espejo y satisfacerse en su ego. A ese trágico suceso es al que me refería. Un hombre que está caído, que no podrá levantarse, el peso de su rebeldía clama ante la santidad de un Dios que le amó hasta el extremo, que su dicha planeó, que inventó mares y ríos, que mil flores le plantó. Esto no merece verso, pues aún no se quiere dar cuenta de que volverle la espalda hace mayor su tragedia, de que ya no hay salida, la única, en el Calvario, ahí está la respuesta, en esa cruz ya vacía, en una muerte, que vencida, ya no nos puede hacer daño.
La verdad no se de donde me salen los versos, cuando me quiero dar cuenta y repaso lo que he escrito, veo que rima de una forma natural sin haberlo planeado. Lo importante para mi es que cuando estoy escribiendo me siento tan íntimamente ligada a El, es cómo si escribiera un diario de lo que voy sintiendo, como el pintor que mira al modelo para seguir pintando. Hay quien pinta desde su imaginación, y quien necesita un modelo. Yo soy de esa clase, necesito mirar al Modelo para seguir trabajando. ¡Qué sería de mí si no escribiera! Los que me conocen saben que paso tiempo pluma en mano. Nunca vendí ningún libro, y no me importa regalarlos. Si alguien los quiere leer, espero le sean de provecho, pero yo solo escribo para El, quiero llenar el cielo, y si puedo, la tierra, con mi letra, escribir por todas partes que ¡Está vivo! Que no perdamos más el tiempo buscando vida en medio de los cementerios.
¡Como me has cambiado! Jeshua, mi Amigo amado. Mi entorno ya no es el mismo. De una vida sin futuro creaste la mejor para mí. Cuando mis ojos se abrían hacia el horizonte, el panorama más triste y olvidado se cernía ante mi vista, pero ahora miro en derredor y no veo más que todo el color que has impregnado al paisaje. Viniste a esta tierra a entrometerte en las vidas desgraciadas, condenadas para siempre, y el plan por el que moriste, fue tomarlas de la mano y rescatarlas del barro, cambiar muerte por vida eterna, ese fue tu “pecado”, y ese horroroso madero en el que te crucificaron, es la señal de lo Eterno que nos llena de esperanza a los que en ti hemos confiado. Pero aún tienes que volver en ese caballo blanco, con tu fuerza y tu poder al sonar de las trompetas, con tu corona de Rey, con tu cetro y tu cayado. Pastor de pastores, Rey de reyes, Soberano, Emperador de los cielos, magnífico Dios ¡Vuelve pronto! Aquí te estamos esperando.
Si ahora hablo de lo Eterno es porque la humanidad cada vez más se está alejando, ahora el rey es el hombre y lo terrenal prevalece ¿Quién se acuerda de Dios? ¿Quién cumple sus mandamientos? Ahora le llaman “religión” y son pocos los que le obedecen. Este escrito es un llamado a volverse hacia su Rostro, es tiempo de arrepentirse, de liquidar el pasado. Sus promesas aún persisten. Sólo Jeshúa, el Amado de las naciones, trae perdón entre sus manos, no hay otra forma de escapar de la Ira de Dios sobre el hombre. Ya nadie cree en el infierno, dicen que está ya apagado, pero el infierno es eterno, y ¡ay! De quien caiga en él, separado de Dios para siempre, hijo ya del sufrimiento, sin salvación, solo muerte, debilidad, dolor, desencanto y desesperación en un lugar sin retorno. No hay consuelo, no hay amor ¡Mejor alejarse ahora! Que lamentarse después. Pero esto no es un billete de compra-venta, no es un intercambio ¡es un regalo! Pero igual que el convidado a las bodas no tenía el traje apropiado, no es solo asistir a la boda, mejor intimar con el novio, Solo Él tiene el traje a tu medida, y ¡ay! si se entra en la sala sin él.
Prefiero hablar de su belleza y atraerte con su amor, lo negativo se conoce, y el trágico final, si le despreciamos, también. Pero ¿te has parado un momento a contemplar su belleza? En Apocalipsis se le describe en toda su realeza, en Isaías ni tan siquiera es un hombre, un amasijo de heridas. No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores experimentado en quebranto. (Isaías 53: 1-3)
Pero lo mío es la poesía: Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto; Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto,  Dios te ha bendecido para siempre”.(Salmo 45: 1 y 2)
Parece una controversia, pero lo uno no es sin lo otro, si quieres mirarte en su espejo, para embellecer, hay que pasar por la cruz, y si no pasas por la cruz y te apropias de la salvación que rezuma de ella, continuarás en harapos y el gesto torcido que caracteriza al humano que no aceptó.
Cuando empiezo a escribir, siempre me ocurre lo mismo, no hay nada preconcebido ni planeado, no hay una forma amasada con antelación. En mi horno entran los ingredientes antes de mezclarse, y lo que sale recién horneado es tan desconocido para mí como para el que lo va a consumir, si es que hay alguien. No se a quien va a gustar mi pan o quien lo va a despreciar, ni tan siquiera se si alguien lo olerá, pero al ir escribiendo, es a mi olfato primero al que se pega su aroma. A veces pienso que lo que escribo es la misericordia que Dios tiene conmigo en primer lugar. Si tú, acaso lo leyeras, solo espero que te haga el mismo efecto que a mí, como dulce al paladar que llega luego a mi estómago y lo amarga después para poderlo limpiar. No lo puedo comprender muy bien, solo soy “ágil pluma de escribano” que desgarra sus entrañas después de haber digerido, y vomita el contenido que ha pasado por sus Manos. ¡Oh! Mi fiel Alfarero, ya no se trata de pan, es barro purificado en el torno del Maestro que un día tendrá un encuentro con Aquel que lo creó y lavó con su preciosa Sangre, y hundió sus dedos en él, moldeó, cerró y sanó las heridas de la vida, las grietas que se han producido en el cántaro al caer tantas veces al camino, aunque nunca has permitido que del todo se quebrase.

                                                          Virginia Ruiz.









No hay comentarios:

Publicar un comentario